Cuando queremos que alguien pierda peso queremos ponérselo fácil.
Pobrecita cosa. Ya tiene bastante con estar así (gorda). No se lo pongamos más difícil. No añadamos más sufrimiento.

Es fácil olvidar la identidad de la persona, sus disparidades. Es fácil no recordar la existencia de formas distintas de ayudar. Es fácil no dejar hacer al que tiene en frente lo que crea conveniente con su alimentación, su cuerpo y su puta vida. Ya sabemos lo que tiene que hacer. Se lo decimos. Es fácil decirlo. Es fácil, y es ayuda.

Prejuzgamos bajo un estándart que nos permite sacar veredictos a la ligera.

La endocrinología es también compleja y, aunque todos los cuerpos son iguales, también tienen sus diferencias.

La dieta en 5 fáciles pasos es fácil.
Qué fácil comprarse unas chocolatinas sustitutivas. Hay quien no quiere saber, o quizás no necesite saber si es que está deprimido por pesar 150 kg o entró en la carrera de los ciento-y de la mano de la depresión. Pero eso no es fácil. No es necesario agravar la situación señalando la posible existencia de problemas que es posible que ni empiecen ni terminen en la comida, pero que sin duda pasan por ella como forma de comerse todo lo que les pasa.

Es fácil escribir un blog diciéndole a un gordo que deje de comer. O una campaña de publicidad. O dirigirse a todas las mujeres que pretenden ir a la playa.La foto del antes y el después es fácil de encontrar. Es fácil de publicar.
Para qué preguntar antes de pulsar el botón de enviar.

Es fácil pensar que se hace por el otro, que se hace por ayudar. Es fácil fijarse en la ayuda, en lugar de mirar la cifra económica al final de la charla.

La barrita sustitutiva compuesta de moneditas, es fácil que resulte indigesta.