Dar la cara. Ana Mareca para La vida engorda.

Dar la cara

Dar la cara

Hace poco fue la primera vez que se proyectó el audiovisual a un público que no formaba parte de nuestros amigos.
La primera vez que alguien veía esto sin tener relación previa con Grassa Toro o conmigo.
Fuimos sin expectativas, pero con la convicción de hacerlo lo mejor posible.
Y tras esta presentación y contando con el feedback recibido, nos fuimos con la sensación reafirmada de que algo estábamos haciendo bien.

Pero hay algo que yo no dejo de oír. Es la palabra con la que se me ha denominado desde el principio del proyecto por todo aquellos ajenos a él. Valiente.
Me llaman valiente.
Pero yo no me siento valiente.
Y me pregunto por qué tenemos que ser valientes para decir lo que pensamos.

Valiente, según el diccionario de la RAE:
Dicho de una persona: Capaz de acometer una empresa arriesgada a pesar del peligro y el posible temor que suscita.

Entonces la pregunta es ¿Cuál es el peligro de esta empresa?

¿Cuáles son los temores que suscita?

Yo no veo más temores que los que ya están presentes en el día a día de mucha gente:

  • Que me llamen gorda de mierda.
  • Que me digan que me calle porque estoy gorda.
  • Que invaliden mi opinión por mi apariencia física.
  • Que se me use como motivo de burlas.
  • Que me llamen exagerada.

Temores suscitados:

  • Que por la exposición mediática, todo esto se amplifique.

De forma que, si algo he de temer, es que aquello que es posible que me ocurra a diario, vaya a más.

Reflexiones que suscita

Ante esto, lo que pienso es que tengo derechos. Tengo derecho a hablar. Tengo derecho a vivir. Y tengo derecho a vivir sin miedos suscitados sin ser una chica de portada de revista.
Además de todo esto, resulta que soy listica, que intento respetar a todo el mundo, y que puede que esté contando cosas interesantes que quizás puedan ayudar a esas personas a las que todavía les pesan más sus miedos que sus derechos.

Puede ser que quien me encuentre valiente, todavía se encuentre encadenado a miedos. Y que tema vivir lo que se ha hecho con esta entrevista: convertir una charla con amigos en algo público. Hablar delante de una cámara.

De esta forma, parece que la cámara es algo clave para denominar a alguien valiente. Quien escribe un libro no es denominado valiente, sino inteligente. Quizás nos parezca valiente quien sale en salvados, quien se sube a un escenario a hablar, o quien acepta tener una cámara delante. Parece que la valentía viene asociada al acto físico de mostrar cara y cuerpo.
Ser valiente es dar la cara.

Al dar la cara podemos temer perderla. Ahora mi cara es la cara de la entrevista. Y en última instancia, lo que se haga con ella depende del receptor. Pero La vida engorda es un acto de compartir. Ponerme delante de una cámara no ha hecho que entregue mi cara. Le hemos hecho un molde para sacar copias y que llegue a más gente. Pero mi cara sigue siendo la que va pegada a este cuerpo, que cambia con el tiempo en el que vive.

La imagen nos vuelve vulnerables porque mostramos nuestro aspecto. Y nuestro aspecto es un argumento legítimo para convertirnos en fruto de burla o ataques.

Ese es el problema que nos ha hecho pensar que dar la cara sea sólo para los valientes.


Mercedes Milá y la gordofobia

Hoy aprovecharemos la metida de pata de Mercedes Milá para hablar de gordofobia.

La gordofobia es el odio irracional o fobia hacia la gordura, la grasa y la obesidad. Puede ser hacia la de los demás o hacia la propia.

La gordofobia es motivo común de discriminación.

  • A la gente gorda se les paga 1,25$ menos por hora que a sus compañeros delgados.
  • 92% de los adolescentes declaran haber sido testigos de bulling o burlas hacia compañeros gordos.
  • Sólo 1 estado (de Estados Unidos) - Michigan - ha prohibido legalmente la discriminación hacia las personas basada en el peso.
  • Más de 2 de cada 3 personas gordas reportan haber experimentado discriminación por parte de sus médicos.
  • 43% de las personas gordas reportan haber sido prejuzgados por sus empleadores.
  • En Estados Unidos, hay más mujeres que visten una talla 44 que las 30, 32 y 34 juntas.
  • El 72% de las representaciones de gente gorda en las noticias son desmoralizadoras.
  • 1 de cada 3 doctores asocian los cuerpos gordos con hostilidad, deshonestidad y mala higiene.
Traducción de la imagen de abajo. Fuente: el blog de fattitude

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Un ejemplo: la reacción de Mercedes Milá en el show de Risto Mejide.

Mercedes Milá, al bioquímico J. Miguel Mulet: “Tienes que adelgazar porque estás gordo”
Mercedes Milá siempre ha defendido a capa y espada y por todos los platós un libro en el que ha creído fielmente: 'La enzima prodigiosa', de Hiromi Shinya. En este programa de ‘Chester in love’, Risto Mejide ha invitado a un profesor de biotecnología para debatir con la presentadora. El experto ha criticado duramente el libro que tanto le gusta a Milá. La presentadora ante tal ataque le ha respondido: “Léete el libro y adelgaza”.

Fuente: cuatro.com

En este video, J.Miguel Mulet se defiende de maravilla. Menos cuando se excusa. Explica que tiene ansiedad. Justifica su condición de gordo.

¿Por qué ha de justificar su condición de gordo? Porque se le invalida intelectualmente por serlo. Porque ha de hacer entender a su interlocutor que su gordura no está provocada por su falta de inteligencia. Porque a partir de ahora ya no se va a hablar de lo que se estaba hablando, se va a hablar de que él está gordo y por lo tanto el que tiene que cambiar y el que no tiene razón es él. El gordo.

Cuando Mercedes le toca, le arregla la chaqueta, describe con su dedo la circunferencia de su cadera, es cuando comienza el diálogo de salvación hacia el gordo. Mercedes acude como la figura maternal cariñosa que quiere lo mejor para su hijo. Ella sabe cómo salvarle de su condición de gordo. Da igual que él sea un adulto. Poco importa si va al médico o si cuida su salud. Da igual que ella lo acabe de conocer hace un minuto. Porque él es gordo y ella no. Y sus intenciones son buenas. Va a salvar al gordo. Él se lo agradecerá.

Lo que me enciende de esta situación no es este diálogo per se. Lo que me enciende es que estamos presenciando algo que por desgracia es escena cotidiana para mucha gente gorda. Invalidar a una persona por aparentes motivos de salud es algo bastante común.

Si J. Miguel Mulet no tuviese el currículum, la carrera y la trayectoria que tiene, es muy probable que su discurso y su persona hubiesen quedado completamente anulados por su condición de gordo.

Personalmente, he sufrido gordofobia. En todos los sentidos. No sólo me he sentido tratada de forma distinta en muchas ocasiones simplemente por el hecho de ser gorda, sino que yo misma sentía que era mucho peor por ser gorda. No podía soportar la visión de mi cuerpo, ni la de ningún tipo de cuerpo gordo. Todo lo relacionado con lo gordo me provocaba una reacción visceral. A su vez, también despreciaba a las personas gordas. A las tan gordas como yo, a las más gordas que yo, y a todos los tipos de gordura que no se esforzaban por ocultar o erradicar esa gordura.
La idea del gordo feliz era una mentira. La felicidad con una talla de pantalón por encima de la 42 era una mentira.

No obstante, no me gustaba sentirme así. No me gustaba reaccionar así. No me gustaba despreciar a gente que, en realidad, era como yo. No me gustaba odiarme ni odiar a los demás sólo por el cuerpo que tuviesen.

Este video fue una de las primeras acciones que me encontré hace 3 años circulando por la red. Fue la primera vez que se me planteó la pregunta: ¿Cuántas cosas estás dejando de hacer por ser gorda? ¿Cuántas cosas estás esperando a hacer para cuando estés delgada?

Por primera vez el discurso no era solamente
eres guapa
quiérete
todos los cuerpos son perfectos.

Por primera vez el discurso era algo más parecido a un
estamos tontos o qué.

Hace tres años no pude ver las imágenes de este documental. Hoy me sigue pareciendo duro de ver, pero comulgo totalmente con el contenido. Hay preguntas que es necesario hacer.

fuente: http://gordofobiadocumental.blogspot.com.es/

"Una cultura obsesionada con la delgadez femenina no está obsesionada con la belleza de las mujeres. Está obsesionada con la obediencia de estas.
La dieta es el sedante político mas potente en la historia de las mujeres: una población tranquilamente loca es una población dócil".

Naomi Wolf


Disfraz para adultos de mantequilla de cacahuete y mermelada

Mi adicción a la comida

Dicen que cuando tienes un problema, lo más difícil es reconocerlo. Esto puede ir ligado a lo que hablaba en el artículo anterior sobre cómo el poner nombre da forma a nuestra realidad.
Reconocemos los problemas mediante la palabra. Con la palabra tiene forma, y esa forma es algo que ya podemos manipular, combatir o aceptar.

A mi problema lo llamé adicción a la comida.

Me extraña y casi me ofende que no se hable más de la adicción a la comida. Supongo que será porque hablar bajo estos términos podría demonizar a la comida, que no le ha hecho nada malo a nadie. No obstante, también se habla de adictos al alcohol y ahí seguimos, adorándolo como fino brebaje o engulléndolo cual lubricante social.

Adicciones.
Todas siguen patrones semejantes. Se puede ser adicto a muchas cosas, sólo hace falta que nuestras cabecitas identifiquen qué produce el pico de dopamina y buscarlo regularmente. El cerebro reajusta niveles con la nueva y adicional entrada de dopamina y eso pasa a ser normal. Cuando dejamos de estimular con nuestra nueva droga, llega el mono.

Se puede ser adicto al amor, a las relaciones descompensadas, al sexo, al deporte, al alcohol, a la fiesta, a las sustancias y hasta a los pokémon. Y muchos estudios prueban que las personas que tenemos tendencia a las adicciones podemos caer fácilmente en cualquiera de ellas. Sólo tienen que estar a nuestro alcance y dejarnos llevar.

Dicen que los adictos somos unos vagos, blandos, que no tenemos constancia, que hacemos lo que nos da la gana. Se nos dice a los gordos, pero también se les dice a los alcohólicos, a los chavales adictos a los juegos, o a los porreros empedernidos.

En nuestro objeto de adicción convive el bien y el mal. Nos da la vida y nos la quita.

En mi caso, no sé en qué punto empieza esta relación con la comida. Ahora identifico recuerdos de mis 9 años, cuando estando de campamentos, al no saber integrarme con los otros niños mi entretenimiento acababa siendo ir a la tiendita del pueblo a por chuches.

En todo caso, de lo que sí estoy segura es de cuales eran los comportamientos que me hicieron darme cuenta de la adicción:

  • Culpabilidad.
    Me sentía culpable sólo por el hecho de comer.
    Me sentía culpable sólo por tener el cuerpo que tenía.
    Me sentía culpable por ser yo.
  • Esconderse para comer.
    No sólo fuera de menú, sino cualquier tipo de comida. He llegado a encerrarme en el baño para poder comer tranquila. En el baño era el único lugar en el que nadie me observaría mientras comía.
  • Mantenía alijos de comida ocultos.
    Terror a quedarme sin comida.
    Pánico a pasar hambre.
  • Comidas fetiche super idealizadas.
    Soñar con esas comidas fetiche. Comerlas a deshoras.
  • Usar la comida como castigo hacia mí misma
    a veces comiendo hasta que y aunque duela.
  • Usar la comida como herramienta de pataleta.
  • Pensar a todas horas en comida.
    Durante un tiempo mi vida fue absolutamente dominado por el pensamiento de comer. Mi vida era lo que pasaba entre horas de comida.
  • Comer me hace sentir bien.
  • Haber comido me hace sentir mal.
  • Controlar que es lo que ocurre con TODA la comida de la mesa.
    Calcular mentalmente raciones. Calcular qué comió cada uno. Calcular si comí lo suficiente, si pasaré hambre en unas horas, si acaparé de alguna forma y no dejé a los demás. Calcular no comer demasiado.

Todo esto agota a cualquiera.

Dar nombre a tus propios problemas te otorga autoridad sobre ellos. Porque hasta entonces la etiqueta había sido la que otros habían impuesto: la gorda incapaz de dejar de comer para perder peso.

Nadie intentó preguntar o averiguar por qué era incapaz de dejar de comer para perder peso.

Deseé ser anoréxica. Intenté ser bulímica. Me planteé coserme la boca.*

El usar la comida como recompensa inmediata, es un comportamiento que a veces vuelve a mí, pero ahora que estoy bien, procuro concentrarme en qué siente mi cuerpo al comer y discernir el hambre de la ansiedad.
Me pregunto qué siento: hambre, saciedad, ganas de comer o de engullir, etc. Procuro disfrutar de lo que estoy comiendo. Es el momento de la comida ha de ser tranquilo.
Y a veces vuelvo a comer por ansiedad, pero intento que no sea con ansiedad.

Nombrar al demonio implica aceptar que existe. Y aunque sea un bicho feo, aceptar da mucha paz.

*(Sobre esto último, me enteré tiempo después de que es una terapia real. Le cosen a la persona la boca, como cuando se tienen fracturas de mandíbula, y le sacan una muela para que sólo se pueda alimentar a través de pajitas, incapacitando poder masticar y degustar la comida).

La imagen corresponde a un disfraz para adultos que puede comprarse aquí.

galleta gorda

Ser o estar

Los nombres importan.
Poner nombre es dar identidad.

Si el objeto que nombramos no tenía identidad, al asignarle un nombre le estamos dando una parcela en nuestro mapa mental de la realidad.
Nombrando asimilamos y aceptamos. Y esta es nuestra forma de relacionarnos con el mundo y nuestra realidad.

Yo procuro ponerle nombre a mis problemas. A veces uso manuales de psicología y otras veces reciben motes cariñosos e incluso eufemismos. Esto forma parte de cómo me relaciono emocionalmente con mis problemas.

Me gusta ponerle nombre a mis problemas porque cuando identificas el problema, sabes a qué te enfrentas. Sabes si es algo que quieres cambiar. Y así encuentro más fácil buscar soluciones y tomar decisiones.
Incluso cuando no quiero hacer nada al respecto, conocer e identificar da sensación de control.

Al nombrar nos servimos del idioma. En nuestro querido castellano tenemos esa precisa sutil diferencia entre ser y estar. Cuanto estudiamos otros idiomas nos damos cuenta de que ese es un privilegio del que carecen otras lenguas.

Para mí el ser y el estar suponen la diferencia léxica entre la aceptación y la no aceptación.
Un día cambié el "estoy gorda" por "soy gorda".
Soy. Y ya está. Es así. Es algo que va conmigo.
El verbo ser, deja de un lado la lucha a la que me sometía estar.

Decir "soy gorda" también crea fenómeno de apropiación. Me estoy apropiando de esa palabra que ha sido usada como insulto contra mí toda mi vida. Ahora es mía, ahora ya nadie puede usarla para hacerme daño.

La palabra gordo hace mucho que ya no se usa simplemente para describir una forma física como ser alto, flaco, rubio, castaño, pecoso. Ahora, cuando te llaman gordo, te dicen que te sobra grasa, pero también pueden querer decir que eres vago, inconstante, depresivo, maloliente, que das asco.

Yo quiero decir que soy gorda sin que signifique nada más. Sin que a quien me quiere le duela oirme al decirlo.
Peso 112 kilos. No soy rellenita, no soy mujer de verdad con curvas, no soy ancha de huesos. Soy gorda.

Y ser gorda es algo que tendría que preocuparle sólo a mi médico, si alguna analítica lo decide.

La galletita de la foto es gorda y no va a dejar de serlo.

don fisher

El dibujo

El dibujo es muy importante para mí.

Siendo pequeña alguien me dijo que no dibujase, que nunca sería lo mío. Gracias a la adolescencia, volví a dibujar. Cuando llegué a la universidad, me fue útil el poder intercambiar dibujos por apuntes. Unos años en físicas y me cambié a diseño. En diseño podía dibujar y que realmente sirviese como trabajo de clase.Por primera vez recibí clases de dibujo y de historia del arte, entre otras. Exprimí al límite las clases de dibujo que recibí el primer año. Dibujo artístico: bodegones, luces, sombras y anatomía humana.

Antes de las clases ya me había interesado por el dibujo de la forma humana. Forzándome a cumplir los ejercicios de clase la estudié exhaustivamente.
El cuerpo humano siempre me había parecido desagradable. Veía a los seres humanos como trozos de cosas mal pegadas, funcionando de chiripa. Al fin y al cabo, eso es la evolución. Somos los tataranietos de las mutaciones que mejor se las apañaron para reproducirse.
Todavía pienso así, pero ya no es un pensamiento que me repugne.

Estudiando anatomía humana por medio del dibujo, desarrollé una nueva sensibilidad artística hacia el cuerpo humano. Dibujando de modelos al natural descubrí que todo el mundo tiene algo bonito en su cuerpo. Una curva, una sombra, un huequecito que se dibuja en la espalda de forma especial.
Forcé el entrenamiento de esta nueva adquirida sensibilidad. Empecé a buscar dibujos de cuerpos no estándares: gordos, viejos, bajitos, retorcidos... Los dibujos de chicas regordetas de caderas desproporcionadas me fascinaban. Me parecían preciosas. Y ciertamente, las proporciones de mi cuerpo se parecían bastante a algunas de ellas.
Y me preguntaba por qué si era capaz de ver belleza hasta en el cuerpo más retorcido y maltratado, todavía odiaba mi cuerpo.

Ese año conocí a mi pareja.
Tardé años en creerle cuando me decía que le atraía tal y como soy.

dibujo_lavidaengorda

La fotito es de Don Fisher. Venden estuches de pescaditos y otras criaturas del mar. Deliciosos.

Todo el mundo se vuelve muy loco con el dejar de fumar pero aquí nadie habla de lo mal que se pasa cuando dejas la pizza.

por fin alguien piensa en una pizza que puedes llevarte al agua. La imagen viene de aquí.

Desencuentro

Ayer le vi. Me ha dicho que llame al médico. Me ha preguntado cuánto peso ahora. Se lo he dicho. "Ella ahora pesa 80 kilos", me ha contestado. "Y eso qué quiere decir" le he preguntado. "Ella 80 y él más de 100". Y se ha ido arqueando las cejas. Asumo que esto quiere decir que ahora nos considera a todos gordos.

Pobre.

Me odia por ser gorda. No sé si es odio exactamente lo que siente, pero el asco es palpable. Aunque intente evitarlo, la mueca de asco asoma siempre en su cara cada vez que entro por la puerta y me mira de arriba a abajo. Aunque intente ser amable y tener detalles conmigo, todo siempre acaba en decirme que vaya al médico, que estoy tremenda, que necesito adelgazar.

Será que en más de 20 años todavía no me he enterado de que tengo que adelgazar.

El endocrino nos comunicó que mi peso sería un problema con 8 años. A dieta desde los 8 años. El título de sobrepeso, de gorda, de que la comida es mi enemiga desde los 8 años. Si lo piensas así tampoco hace falta mucha presión de la sociedad ni de los medios para vaticinar la tragedia.

gordos_lavidaengorda


https://knitsoup.wordpress.com/2011/02/17/plush-pills-set/

Obesos consumistas y médicos capitalistas

Mucha gente odia los gimnasios. Es normal. Son salas con máquinas. A mí tampoco me gustan, pero tengo el problema de que me gusta el deporte. En concreto lo que más me gusta correr. Pero con mi peso correr podría ser peligroso a largo plazo, o eso dicen. Yo he decidido creérmelo y aunque de vez en cuando salgo a correr por el mundo real, de momento corro en máquinas que amortiguan los impactos de mis kilos sobre las articulaciones de mis piernas.

Hay algo en ir al gimnasio que me hace sentir orgullosa y poderosa. Quizás sea el saber que estoy moviendo una cantidad ingente de peso con mucha más gracia y ahínco que los que me rodean. Quizás simplemente el saber que todavía puedo movilizar con relativa soltura 120Kg de peso es suficiente, sin tener por qué entrar en comparativas.
Lo cierto es que en un gimnasio es fácil compararse, aunque intento no entrar en esos juegos mentales. No hacen bien a nadie. En lugar de eso intento tomármelo como un atletismo personal: si poco a poco voy batiendo mis propias marcas, el éxito está conseguido. Aunque generalmente el llegar a pisar la máquina de elíptica ya es un éxito por sí sólo.

Existe otro factor. Aunque muchas veces pierdo la costumbre y la constancia para mí es un hecho que necesito hacer deporte. Durante mucho tiempo pensé que era para mantener a raya los kilos. Cuando empecé a estudiar por mi cuenta sobre metabolismo y nutrición descubrí que la triste realidad es que el deporte ayuda poquito en la pérdida de peso. Actualmente se afirma que a la hora de definir la composición corporal de un individuo, la alimentación puede suponer un 80% de la ecuación.
En mi caso, hacer deporte es obligatorio para llevar una vida sana, pero por el tema de la cabecita.
Llámalo endorfinas, seguramente sean eso, o llámalo como quieras. El caso es que la actividad física me trae estabilidad a la cabeza. Con andar basta, pero necesito moverme. En el caso de correr, el subidón es notable. Además del mencionado orgullo de poder poner a trotar 120 señores kilos. 111 actualmente, para no engañarnos, pero he vivido tantos años en los cientoveintipico que creo que me quedaré con esa cifra mental toda mi vida.

Al salir del gimnasio me he acordado del "mens sana in corpore sano".
Todos conocemos ese dicho, pero es curioso cómo culturalmente se ha llegado a aceptar como que se necesita un corpore sano para llegar a la mente sana, cuando de lo que está hablando la expresión es de la necesidad de entenderlo todo como un sólo ente. Porque el cuerpo afecta a la mente y viceversa.

A mí nunca nadie me ofreció curarme la mente antes que el cuerpo. Ni siquiera aunque estuviese claramente deprimida (está gorda, claro que va a estar deprimida, ser gordo es algo deprimente).
Este tema siempre me ha dado mucha rabia:
Siempre he creído que todos los trastornos la conducta alimenticia son distintas caras de una misma moneda. A unas nos da por engullir la vida, a otras les da por renegar de ella. La sociedad y el mercado apoya la imagen delgada y rechaza la imagen gorda. Nadie quiere estar gordo todo el mundo quiere estar delgado. Y por ello el gordo es estúpido y vago y el delgado es víctima de la sociedad. Si te has dejado llevar a la obesidad eres un necio, estaba claro que no tenías que hacerlo. Si te dejas matar por inanición eres una pobre víctima engañada.
Rescatemos a los desnutridos, condenemos a los tragaldabas.
Y lo cierto es que todos los gordos con los que he hablado nos hemos sentido así dentro del sistema sanitario. Porque nunca te ofrecen ayuda psiquiátrica o psicológica cuando está claro que si no puedes adelgazar es por que tienes la cabeza jodida. Estamos hablando de que parece más fácil conseguir que te corten medio estómago y parte de intestino para que tragues lo que tragues no puedas digerir tanto, que el conseguir que te ayuden a controlar el impulso de comer tanto.

La anorexia y la bulimia se trata como un trastorno nervioso, y no entiendo por qué no se hace lo mismo con la obesidad tipo 2 o tipo 3. Las dos caras de esta misma moneda matan.

¿Será porque el obeso consume más? Los gordos gastamos más dinero en comida. ¡Pero la ropa nos sale más barata si cuentas metros de tela! Conspiraciones judeo-masónicas-capitalistas.

En la anorexia asusta mucho el componente de "me veo gorda". Todos hemos escuchado el típico chiste de gordos de "pues yo debo de se anoréxico porque siempre me veo gordo". Ja-ja-ja. Yo también lo he dicho, pero lo cierto es que sí te ves gordo. Ya estás gorda, así que la visión pasa a la estratosfera. La deformación es monstruosa y va más allá de los cm de anchura. Estuve años sin poderme ver en un espejo sin sentir un asco visceral insoportable.

El año pasado me teñí el pelo de rosa y al menos los días malos pensaba "tienes el pelo rosa y todos los defectos que tú ves quedarán eclipsadas por el pelo rosa. Mi pelo rosa mola, y por lo tanto yo también". Soy consciente de la carencia de lógica de todo esto. Pero si puedo odiarme sin lógica, ¿por qué no ensalzarme basándome en tonterías similares?

Muerte al sistema sanitariocapitalista.

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Comer por ansiedad es como cuando te pica en un sitio, te rascas en otro y te alivia. Pero sigues sin solucionar la fuente del picor.

Esta diadema y un montón de accesorios más, se pueden comprar en la página de la productora de comida falsa HATANAKA. http://ii-fake.com/

De culos y opiniones

Las opiniones son como los agujeros del culo, todo el mundo tiene una.

Todo el mundo come.

Todo el mundo opina sobre la comida.

Lo general cuando se toca este tema en sobremesas (sobretodo en presencia de los llamados cuñaos), es que aquel que se salga de la norma física termine siendo blanco de la mayor suerte de consejos sobre cómo gestionar su cuerpo. Al final todo el mundo sabe qué es lo que deberías de hacer para estar perfecta, para perder peso, para hacer que tu vida coja los raíles que debiera llevar.

Gilipolleces. Sobremesas.

Al final tienes que construir afirmaciones más contundentes, estrepitosas y malsonantes que todos los demás para acallar toda la mierda que no quieres oír.
Mierda que no quieres oír, porque es el mismo puto disco rallado puesto en un círculo que nunca se acaba. Haces que escuchas. Para qué escuchar pudiendo usar esas neuronas en pensar en otras cosas.
Asientes. Te dicen eso porque se preocupan por ti. No hay por qué ser maleducado. Nadie quiere a una gorda con mal humor.
Han terminado. Te miran. Te acaban de salvar la vida. Sonríes agradecida. Esperan que digas algo. Así que lo haces:
"Sí, si adelgazar es muy fácil. Pura matemática. Metes menos calorías de las que gastas y ya está. Si ya lo decía mi madre, de los campos de concentración no salía nadie gordo. Pero bueno, simplemente si mi cuerpo tiende a engordar más fácilmente, tengo que aprender a meterle la cantidad de calorías que necesita. Y ya está."
Ya está. Pan comido. No hay más que debatir.
No gracias, no quiero método mágico. Ni la dieta dunkan ni herbalife me van a salvar. Aunque bajase un mago de los cielos y me succionase toda la grasa sobrante con su varita mágica la mierda seguiría ahí. Porque lo que se ve es a una gorda, pero el cuñado no quiere ver nada más.
Supongo que por eso la anorexia y la bulimia asustan más cuando se conoce que la sufren chicas de buen ver. "Con lo buena chica que se le veía" "Pero si es super maja nunca me lo habría imaginado". Ya. Porque es flaca y perfecta. Claro.<

En fin.

La única verdad absoluta que he llegado a discernir es que cada persona es distinta y cada cuerpo y cada mente es un mundo. Y cada momento y cada historia.
Y que no nos queremos. Y si no nos queremos nunca nadie podrá hacerlo por nosotros. Y por eso comemos, o no lo hacemos, porque comer es un alivio de débiles. O se comete la indulgencia para luego vomitar severamente por el mal hecho.

Y que adelgazar es fácil. Pura matemática. Ojalá yo fuese pura matemática.

Lo grave de esto no es lo que crea la gente. Lo grave es que tú te lo acabas creyendo. Y acabas siendo sólo una gorda para ti misma. Y crees que adelgazar es fácil. Te sabes la receta, te sabes las instrucciones. Sólo hay que hacerlo. Lo vas a hacer. Y serás delgada. Y cuando seas delgada podrás hacer todo eso que no pueden hacer las gordas.

Cuando sea delgada podré:

  • Ponerme la ropa que quiera.
  • Comerme un helado sin que me miren mal.
  • Pedir un crédito al banco.
  • Correr por la montaña.
  • Cantar en una banda de rock.
  • Mostrar mi cuerpo.
  • Ser astronauta.
  • Montar a caballo.
  • Ir a clases de kárate.
  • Ligarme a un negro.
  • Ser admirada.
  • Ser respetada.
  • Ser amada.

Aceptar que nunca seré delgada fue una liberación. Porque tras esa clarividencia lo siguiente era aceptar que nunca podría hacer nada de eso o pasar a pensar que daba bastante igual ser gorda para hacer cualquiera de esas cosas. No voy a ser astronauta de todas formas. Lo del negro nunca se sabe. Ojalá el crédito fuese sólo para delgadas.