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Carta abierta a la Industria de la Moda

Carta abierta dirigida a toda la Industria de la Moda Americana y firmada por más de 60 modelos durante la Fashion Week de Nueva York. Piden un cambio urgente y ofrecen visibilidad para quien se una a su causa.

Carta Abierta a la Industria de la Moda Americana

Jueves, 31 de Enero de 2017

Queridos Miembros de la Industria de la Moda Americana,

Como modelos, nos preocupamos por la salud y bienestar de cada uno. Mientras miramos a la Semana de la Moda de Nueva York, insistimos en que esta temporada se priorice la salud y se celebre la diversidad en la pasarela.

La preocupación sobre la promoción en la industria de la moda de la delgadez extrema no es nada nuevo, pero un estudio reciente publicado en el Diario Internacional de los Desórdenes de Alimentación confirma que las prácticas de control de peso no sanas son un problema serio en la industria. Demasiado a menudo, las modelos se ven presionadas para poner en peligro su salud y seguridad como requisito previo al empleo.

Los desórdenes alimenticios tienen la tasa de mortalidad más alta entre las enfermedades mentales y a menudo los supervivientes sufren daños irreversibles para su salud. Por ello es por lo que nos hemos unido con la Alianza de Modelos y la Asociación Nacional de Desórdenes Alimenticios para dirigirles este problema a ustedes.

Juntos, les retamos a que hagan un compromiso serio para promover la salud y la diversidad en la pasarela. A través de nuestras plataformas de social media, en las cuales alcanzamos de forma colectiva a millones de personas, reconoceremos a los líderes que den un paso a favor de este reto. Específicamente, mantendremos nuestra mirada hacia la diversidad de raza, talla, edad y estatus de género, y esperamos ver diversidad en y a través de todas esas categorías.

A nadie le gustan las molestias o gastos que generan las crecientes regulaciones y papeleos. Sin embargo, los datos muestran que la Industria de la Moda Americana todavía tiene que probar que es capaz de seguir las prácticas de salud por sí misma.

Ahora más que nunca, tenemos la oportunidad de enviar el mensaje de que la diversidad es lo que nos hace fuertes. Sinceramente esperamos que todos ustedes - desde los diseñadores y los editores hasta los agentes y los directores de casting - exploten colectivamente el poder creativo de la industria para tener visión de futuro, ser inclusivos y hacer lo correcto.

Varios medios se han hecho eco de la noticia, así que he intentado traducirla para que pueda llegar a quienes no saben inglés. El original puede leerse aquí.

En su instagram pueden encontrarse numerosos testimonios e historias personales de las modelos que apoyan esta causa.
La imagen destacada está extraída de este instagram. El texto que acompaña la imagen dice aproximadamente esto:

@hartjeandresen #QueridoNYFW - cuando mi peso bajó casi hasta los 45 kilos, la circunferencia de mi cintura midió por fin 34 pulgadas (86cm) y fue mi mejor temporada en la moda.
Sin embargo, como persona activa, empecé a romperme las costillas demasiado a menudo, ya que durante el ejercicio me golpeaba con cosas. Me chocó aprender que haber estado en condiciones de infrapeso me había causado pérdida de densidad en los huesos y había afectado a mi fertilidad.
Incluso aunque la idea de ganar peso me aterrorizaba, fuí muy afortunada al tener el apoyo de mis agencias, quienes aceptaron quién soy y ven la salud y el deporte como una cualidad, como se ve en la imagen de la derecha.
#QueridoNYFW, como modelos, nos preocupamos por la salud de los demás, así que cuando vimos los descubrimientos del estudio de @ModelAllianceNY y @NEDAstaff, decidimos levantarnos unidas y usar nuestra plataforma para afectar hacia cambio. Por favor, entiendan que parte de la responsabilidad de las industrias de la moda es animar y promover los CUERPOS SANOS, y la DIVERSIDAD en EDAD y ETNICIDAD.


Disfraz para adultos de mantequilla de cacahuete y mermelada

Mi adicción a la comida

Dicen que cuando tienes un problema, lo más difícil es reconocerlo. Esto puede ir ligado a lo que hablaba en el artículo anterior sobre cómo el poner nombre da forma a nuestra realidad.
Reconocemos los problemas mediante la palabra. Con la palabra tiene forma, y esa forma es algo que ya podemos manipular, combatir o aceptar.

A mi problema lo llamé adicción a la comida.

Me extraña y casi me ofende que no se hable más de la adicción a la comida. Supongo que será porque hablar bajo estos términos podría demonizar a la comida, que no le ha hecho nada malo a nadie. No obstante, también se habla de adictos al alcohol y ahí seguimos, adorándolo como fino brebaje o engulléndolo cual lubricante social.

Adicciones.
Todas siguen patrones semejantes. Se puede ser adicto a muchas cosas, sólo hace falta que nuestras cabecitas identifiquen qué produce el pico de dopamina y buscarlo regularmente. El cerebro reajusta niveles con la nueva y adicional entrada de dopamina y eso pasa a ser normal. Cuando dejamos de estimular con nuestra nueva droga, llega el mono.

Se puede ser adicto al amor, a las relaciones descompensadas, al sexo, al deporte, al alcohol, a la fiesta, a las sustancias y hasta a los pokémon. Y muchos estudios prueban que las personas que tenemos tendencia a las adicciones podemos caer fácilmente en cualquiera de ellas. Sólo tienen que estar a nuestro alcance y dejarnos llevar.

Dicen que los adictos somos unos vagos, blandos, que no tenemos constancia, que hacemos lo que nos da la gana. Se nos dice a los gordos, pero también se les dice a los alcohólicos, a los chavales adictos a los juegos, o a los porreros empedernidos.

En nuestro objeto de adicción convive el bien y el mal. Nos da la vida y nos la quita.

En mi caso, no sé en qué punto empieza esta relación con la comida. Ahora identifico recuerdos de mis 9 años, cuando estando de campamentos, al no saber integrarme con los otros niños mi entretenimiento acababa siendo ir a la tiendita del pueblo a por chuches.

En todo caso, de lo que sí estoy segura es de cuales eran los comportamientos que me hicieron darme cuenta de la adicción:

  • Culpabilidad.
    Me sentía culpable sólo por el hecho de comer.
    Me sentía culpable sólo por tener el cuerpo que tenía.
    Me sentía culpable por ser yo.
  • Esconderse para comer.
    No sólo fuera de menú, sino cualquier tipo de comida. He llegado a encerrarme en el baño para poder comer tranquila. En el baño era el único lugar en el que nadie me observaría mientras comía.
  • Mantenía alijos de comida ocultos.
    Terror a quedarme sin comida.
    Pánico a pasar hambre.
  • Comidas fetiche super idealizadas.
    Soñar con esas comidas fetiche. Comerlas a deshoras.
  • Usar la comida como castigo hacia mí misma
    a veces comiendo hasta que y aunque duela.
  • Usar la comida como herramienta de pataleta.
  • Pensar a todas horas en comida.
    Durante un tiempo mi vida fue absolutamente dominado por el pensamiento de comer. Mi vida era lo que pasaba entre horas de comida.
  • Comer me hace sentir bien.
  • Haber comido me hace sentir mal.
  • Controlar que es lo que ocurre con TODA la comida de la mesa.
    Calcular mentalmente raciones. Calcular qué comió cada uno. Calcular si comí lo suficiente, si pasaré hambre en unas horas, si acaparé de alguna forma y no dejé a los demás. Calcular no comer demasiado.

Todo esto agota a cualquiera.

Dar nombre a tus propios problemas te otorga autoridad sobre ellos. Porque hasta entonces la etiqueta había sido la que otros habían impuesto: la gorda incapaz de dejar de comer para perder peso.

Nadie intentó preguntar o averiguar por qué era incapaz de dejar de comer para perder peso.

Deseé ser anoréxica. Intenté ser bulímica. Me planteé coserme la boca.*

El usar la comida como recompensa inmediata, es un comportamiento que a veces vuelve a mí, pero ahora que estoy bien, procuro concentrarme en qué siente mi cuerpo al comer y discernir el hambre de la ansiedad.
Me pregunto qué siento: hambre, saciedad, ganas de comer o de engullir, etc. Procuro disfrutar de lo que estoy comiendo. Es el momento de la comida ha de ser tranquilo.
Y a veces vuelvo a comer por ansiedad, pero intento que no sea con ansiedad.

Nombrar al demonio implica aceptar que existe. Y aunque sea un bicho feo, aceptar da mucha paz.

*(Sobre esto último, me enteré tiempo después de que es una terapia real. Le cosen a la persona la boca, como cuando se tienen fracturas de mandíbula, y le sacan una muela para que sólo se pueda alimentar a través de pajitas, incapacitando poder masticar y degustar la comida).

La imagen corresponde a un disfraz para adultos que puede comprarse aquí.

galleta gorda

Ser o estar

Los nombres importan.
Poner nombre es dar identidad.

Si el objeto que nombramos no tenía identidad, al asignarle un nombre le estamos dando una parcela en nuestro mapa mental de la realidad.
Nombrando asimilamos y aceptamos. Y esta es nuestra forma de relacionarnos con el mundo y nuestra realidad.

Yo procuro ponerle nombre a mis problemas. A veces uso manuales de psicología y otras veces reciben motes cariñosos e incluso eufemismos. Esto forma parte de cómo me relaciono emocionalmente con mis problemas.

Me gusta ponerle nombre a mis problemas porque cuando identificas el problema, sabes a qué te enfrentas. Sabes si es algo que quieres cambiar. Y así encuentro más fácil buscar soluciones y tomar decisiones.
Incluso cuando no quiero hacer nada al respecto, conocer e identificar da sensación de control.

Al nombrar nos servimos del idioma. En nuestro querido castellano tenemos esa precisa sutil diferencia entre ser y estar. Cuanto estudiamos otros idiomas nos damos cuenta de que ese es un privilegio del que carecen otras lenguas.

Para mí el ser y el estar suponen la diferencia léxica entre la aceptación y la no aceptación.
Un día cambié el "estoy gorda" por "soy gorda".
Soy. Y ya está. Es así. Es algo que va conmigo.
El verbo ser, deja de un lado la lucha a la que me sometía estar.

Decir "soy gorda" también crea fenómeno de apropiación. Me estoy apropiando de esa palabra que ha sido usada como insulto contra mí toda mi vida. Ahora es mía, ahora ya nadie puede usarla para hacerme daño.

La palabra gordo hace mucho que ya no se usa simplemente para describir una forma física como ser alto, flaco, rubio, castaño, pecoso. Ahora, cuando te llaman gordo, te dicen que te sobra grasa, pero también pueden querer decir que eres vago, inconstante, depresivo, maloliente, que das asco.

Yo quiero decir que soy gorda sin que signifique nada más. Sin que a quien me quiere le duela oirme al decirlo.
Peso 112 kilos. No soy rellenita, no soy mujer de verdad con curvas, no soy ancha de huesos. Soy gorda.

Y ser gorda es algo que tendría que preocuparle sólo a mi médico, si alguna analítica lo decide.

La galletita de la foto es gorda y no va a dejar de serlo.

besos de gominola

Abrazos de verdad

Hay abrazos, abrazos incómodos y abrazos de verdad. Los abrazos de verdad son esos que te cuentan cosas.
Te dicen: "me alegro de verte", "estoy triste", "qué bien te veo", "no te vayas".

Los abrazos incómodos son aquellos en los que una de las dos personas no quiere comunicar. No está interesado en el abrazo. Ni en darlo, ni en recibirlo.

No sé cuándo dejé de recibir abrazos. Sí sé que las pocas veces que recuerdo un abrazo, era una experiencia incómoda.
Rechazaba toda forma de contacto físico. Un día decidí aprender el lenguaje corporal de las personas normales. A dar una palmadita en el hombro para saludar. A tocar el brazo al dar dos besos. Cosas de esas que a la gente le salen de forma natural. Observaba concienzudamente a amigos y amigas de los cuales admiraba su sociabilidad y luego imitaba conscientemente estos comportamientos.

Sigo sin entender el ritual de los dos besos. No me gusta sentirme en la obligación de tener que besar. Ese desconocido al que tengo que besar no ha hecho nada para ganarse una muestra de afecto así por mi parte. No quiero besarle. Además, ¿por qué sólo yo tengo que besarle? Las chicas dos besitos y los hombres un apretón de manos. Pues igual quiero ser yo quien da el apretón para ver si soy más macha y aprieto más fuerte. Igual quiero ser el mono macho en lugar de la nena mona.

No sé cuándo dejé de recibir abrazos, pero sí cuándo volví a ellos. El primer abrazo de verdad que me dieron fue tan largo que fueron tres. Y el tercero se convirtió en un beso.

Yo seguiré prefiriendo saludar a mis amigos con un abrazo. Un abrazo no tiene normas. No tiene sexualidad.
Un abrazo puede ser más íntimo que un beso. El abrazo comparte. En el abrazo se ríe, se llora, se suspira. O simplemente se abraza.
Y nadie me obliga a abrazar a desconocidos.


don fisher

El dibujo

El dibujo es muy importante para mí.

Siendo pequeña alguien me dijo que no dibujase, que nunca sería lo mío. Gracias a la adolescencia, volví a dibujar. Cuando llegué a la universidad, me fue útil el poder intercambiar dibujos por apuntes. Unos años en físicas y me cambié a diseño. En diseño podía dibujar y que realmente sirviese como trabajo de clase.Por primera vez recibí clases de dibujo y de historia del arte, entre otras. Exprimí al límite las clases de dibujo que recibí el primer año. Dibujo artístico: bodegones, luces, sombras y anatomía humana.

Antes de las clases ya me había interesado por el dibujo de la forma humana. Forzándome a cumplir los ejercicios de clase la estudié exhaustivamente.
El cuerpo humano siempre me había parecido desagradable. Veía a los seres humanos como trozos de cosas mal pegadas, funcionando de chiripa. Al fin y al cabo, eso es la evolución. Somos los tataranietos de las mutaciones que mejor se las apañaron para reproducirse.
Todavía pienso así, pero ya no es un pensamiento que me repugne.

Estudiando anatomía humana por medio del dibujo, desarrollé una nueva sensibilidad artística hacia el cuerpo humano. Dibujando de modelos al natural descubrí que todo el mundo tiene algo bonito en su cuerpo. Una curva, una sombra, un huequecito que se dibuja en la espalda de forma especial.
Forcé el entrenamiento de esta nueva adquirida sensibilidad. Empecé a buscar dibujos de cuerpos no estándares: gordos, viejos, bajitos, retorcidos... Los dibujos de chicas regordetas de caderas desproporcionadas me fascinaban. Me parecían preciosas. Y ciertamente, las proporciones de mi cuerpo se parecían bastante a algunas de ellas.
Y me preguntaba por qué si era capaz de ver belleza hasta en el cuerpo más retorcido y maltratado, todavía odiaba mi cuerpo.

Ese año conocí a mi pareja.
Tardé años en creerle cuando me decía que le atraía tal y como soy.

dibujo_lavidaengorda

La fotito es de Don Fisher. Venden estuches de pescaditos y otras criaturas del mar. Deliciosos.

Todo el mundo se vuelve muy loco con el dejar de fumar pero aquí nadie habla de lo mal que se pasa cuando dejas la pizza.

por fin alguien piensa en una pizza que puedes llevarte al agua. La imagen viene de aquí.

Desencuentro

Ayer le vi. Me ha dicho que llame al médico. Me ha preguntado cuánto peso ahora. Se lo he dicho. "Ella ahora pesa 80 kilos", me ha contestado. "Y eso qué quiere decir" le he preguntado. "Ella 80 y él más de 100". Y se ha ido arqueando las cejas. Asumo que esto quiere decir que ahora nos considera a todos gordos.

Pobre.

Me odia por ser gorda. No sé si es odio exactamente lo que siente, pero el asco es palpable. Aunque intente evitarlo, la mueca de asco asoma siempre en su cara cada vez que entro por la puerta y me mira de arriba a abajo. Aunque intente ser amable y tener detalles conmigo, todo siempre acaba en decirme que vaya al médico, que estoy tremenda, que necesito adelgazar.

Será que en más de 20 años todavía no me he enterado de que tengo que adelgazar.

El endocrino nos comunicó que mi peso sería un problema con 8 años. A dieta desde los 8 años. El título de sobrepeso, de gorda, de que la comida es mi enemiga desde los 8 años. Si lo piensas así tampoco hace falta mucha presión de la sociedad ni de los medios para vaticinar la tragedia.

gordos_lavidaengorda


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Obesos consumistas y médicos capitalistas

Mucha gente odia los gimnasios. Es normal. Son salas con máquinas. A mí tampoco me gustan, pero tengo el problema de que me gusta el deporte. En concreto lo que más me gusta correr. Pero con mi peso correr podría ser peligroso a largo plazo, o eso dicen. Yo he decidido creérmelo y aunque de vez en cuando salgo a correr por el mundo real, de momento corro en máquinas que amortiguan los impactos de mis kilos sobre las articulaciones de mis piernas.

Hay algo en ir al gimnasio que me hace sentir orgullosa y poderosa. Quizás sea el saber que estoy moviendo una cantidad ingente de peso con mucha más gracia y ahínco que los que me rodean. Quizás simplemente el saber que todavía puedo movilizar con relativa soltura 120Kg de peso es suficiente, sin tener por qué entrar en comparativas.
Lo cierto es que en un gimnasio es fácil compararse, aunque intento no entrar en esos juegos mentales. No hacen bien a nadie. En lugar de eso intento tomármelo como un atletismo personal: si poco a poco voy batiendo mis propias marcas, el éxito está conseguido. Aunque generalmente el llegar a pisar la máquina de elíptica ya es un éxito por sí sólo.

Existe otro factor. Aunque muchas veces pierdo la costumbre y la constancia para mí es un hecho que necesito hacer deporte. Durante mucho tiempo pensé que era para mantener a raya los kilos. Cuando empecé a estudiar por mi cuenta sobre metabolismo y nutrición descubrí que la triste realidad es que el deporte ayuda poquito en la pérdida de peso. Actualmente se afirma que a la hora de definir la composición corporal de un individuo, la alimentación puede suponer un 80% de la ecuación.
En mi caso, hacer deporte es obligatorio para llevar una vida sana, pero por el tema de la cabecita.
Llámalo endorfinas, seguramente sean eso, o llámalo como quieras. El caso es que la actividad física me trae estabilidad a la cabeza. Con andar basta, pero necesito moverme. En el caso de correr, el subidón es notable. Además del mencionado orgullo de poder poner a trotar 120 señores kilos. 111 actualmente, para no engañarnos, pero he vivido tantos años en los cientoveintipico que creo que me quedaré con esa cifra mental toda mi vida.

Al salir del gimnasio me he acordado del "mens sana in corpore sano".
Todos conocemos ese dicho, pero es curioso cómo culturalmente se ha llegado a aceptar como que se necesita un corpore sano para llegar a la mente sana, cuando de lo que está hablando la expresión es de la necesidad de entenderlo todo como un sólo ente. Porque el cuerpo afecta a la mente y viceversa.

A mí nunca nadie me ofreció curarme la mente antes que el cuerpo. Ni siquiera aunque estuviese claramente deprimida (está gorda, claro que va a estar deprimida, ser gordo es algo deprimente).
Este tema siempre me ha dado mucha rabia:
Siempre he creído que todos los trastornos la conducta alimenticia son distintas caras de una misma moneda. A unas nos da por engullir la vida, a otras les da por renegar de ella. La sociedad y el mercado apoya la imagen delgada y rechaza la imagen gorda. Nadie quiere estar gordo todo el mundo quiere estar delgado. Y por ello el gordo es estúpido y vago y el delgado es víctima de la sociedad. Si te has dejado llevar a la obesidad eres un necio, estaba claro que no tenías que hacerlo. Si te dejas matar por inanición eres una pobre víctima engañada.
Rescatemos a los desnutridos, condenemos a los tragaldabas.
Y lo cierto es que todos los gordos con los que he hablado nos hemos sentido así dentro del sistema sanitario. Porque nunca te ofrecen ayuda psiquiátrica o psicológica cuando está claro que si no puedes adelgazar es por que tienes la cabeza jodida. Estamos hablando de que parece más fácil conseguir que te corten medio estómago y parte de intestino para que tragues lo que tragues no puedas digerir tanto, que el conseguir que te ayuden a controlar el impulso de comer tanto.

La anorexia y la bulimia se trata como un trastorno nervioso, y no entiendo por qué no se hace lo mismo con la obesidad tipo 2 o tipo 3. Las dos caras de esta misma moneda matan.

¿Será porque el obeso consume más? Los gordos gastamos más dinero en comida. ¡Pero la ropa nos sale más barata si cuentas metros de tela! Conspiraciones judeo-masónicas-capitalistas.

En la anorexia asusta mucho el componente de "me veo gorda". Todos hemos escuchado el típico chiste de gordos de "pues yo debo de se anoréxico porque siempre me veo gordo". Ja-ja-ja. Yo también lo he dicho, pero lo cierto es que sí te ves gordo. Ya estás gorda, así que la visión pasa a la estratosfera. La deformación es monstruosa y va más allá de los cm de anchura. Estuve años sin poderme ver en un espejo sin sentir un asco visceral insoportable.

El año pasado me teñí el pelo de rosa y al menos los días malos pensaba "tienes el pelo rosa y todos los defectos que tú ves quedarán eclipsadas por el pelo rosa. Mi pelo rosa mola, y por lo tanto yo también". Soy consciente de la carencia de lógica de todo esto. Pero si puedo odiarme sin lógica, ¿por qué no ensalzarme basándome en tonterías similares?

Muerte al sistema sanitariocapitalista.

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