Hace poco fue la primera vez que se proyectó el audiovisual a un público que no formaba parte de nuestros amigos.
La primera vez que alguien veía esto sin tener relación previa con Grassa Toro o conmigo.
Fuimos sin expectativas, pero con la convicción de hacerlo lo mejor posible.
Y tras esta presentación y contando con el feedback recibido, nos fuimos con la sensación reafirmada de que algo estábamos haciendo bien.

Pero hay algo que yo no dejo de oír. Es la palabra con la que se me ha denominado desde el principio del proyecto por todo aquellos ajenos a él. Valiente.
Me llaman valiente.
Pero yo no me siento valiente.
Y me pregunto por qué tenemos que ser valientes para decir lo que pensamos.

Valiente, según el diccionario de la RAE:
Dicho de una persona: Capaz de acometer una empresa arriesgada a pesar del peligro y el posible temor que suscita.

Entonces la pregunta es ¿Cuál es el peligro de esta empresa?

¿Cuáles son los temores que suscita?

Yo no veo más temores que los que ya están presentes en el día a día de mucha gente:

  • Que me llamen gorda de mierda.
  • Que me digan que me calle porque estoy gorda.
  • Que invaliden mi opinión por mi apariencia física.
  • Que se me use como motivo de burlas.
  • Que me llamen exagerada.

Temores suscitados:

  • Que por la exposición mediática, todo esto se amplifique.

De forma que, si algo he de temer, es que aquello que es posible que me ocurra a diario, vaya a más.

Reflexiones

Ante esto, lo que pienso es que tengo derechos. Tengo derecho a hablar. Tengo derecho a vivir. Y tengo derecho a vivir sin miedos suscitados sin ser una chica de portada de revista.
Además de todo esto, resulta que soy listica, que intento respetar a todo el mundo, y que puede que esté contando cosas interesantes que quizás puedan ayudar a esas personas a las que todavía les pesan más sus miedos que sus derechos.

Puede ser que quien me encuentre valiente, todavía se encuentre encadenado a miedos. Y que tema vivir lo que se ha hecho con esta entrevista: convertir una charla con amigos en algo público. Hablar delante de una cámara.

De esta forma, parece que la cámara es algo clave para denominar a alguien valiente. Quien escribe un libro no es denominado valiente, sino inteligente. Quizás nos parezca valiente quien sale en salvados, quien se sube a un escenario a hablar, o quien acepta tener una cámara delante. Parece que la valentía viene asociada al acto físico de mostrar cara y cuerpo.
Ser valiente es dar la cara.

Al dar la cara podemos temer perderla. Ahora mi cara es la cara de la entrevista. Y en última instancia, lo que se haga con ella depende del receptor. Pero La vida engorda es un acto de compartir. Ponerme delante de una cámara no ha hecho que entregue mi cara. Le hemos hecho un molde para sacar copias y que llegue a más gente. Pero mi cara sigue siendo la que va pegada a este cuerpo, que cambia con el tiempo en el que vive.

La imagen nos vuelve vulnerables porque mostramos nuestro aspecto. Y nuestro aspecto es un argumento legítimo para convertirnos en fruto de burla o ataques.

Ese es el problema que nos ha hecho pensar que dar la cara sea sólo para los valientes.

Ana Mareca. La vida engorda. Dar la cara.

Ana Mareca es la gorda que escribe este blog.

Cuenta con un IMC de 35, una vez llegó a estar por debajo de 30. La vida engorda surge después de muchos años de trabajo por mejorar su relación con la comida, y un profundo proceso de aceptación y análisis sobre su entorno, la sociedad y todo aquello que nos condiciona para ser como somos. En este blog plasma sus ideas, como ejercicio de compartir, pero también con intención de iniciar un diálogo en el que todos podamos hablar de temas, en ocasiones de moda, en otras ocasiones tabú.

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