Ayer le vi. Me ha dicho que llame al médico. Me ha preguntado cuánto peso ahora. Se lo he dicho. “Ella ahora pesa 80 kilos”, me ha contestado. “Y eso qué quiere decir” le he preguntado. “Ella 80 y él más de 100”. Y se ha ido arqueando las cejas. Asumo que esto quiere decir que ahora nos considera a todos gordos.

Pobre.

Me odia por ser gorda. No sé si es odio exactamente lo que siente, pero el asco es palpable. Aunque intente evitarlo, la mueca de asco asoma siempre en su cara cada vez que entro por la puerta y me mira de arriba a abajo. Aunque intente ser amable y tener detalles conmigo, todo siempre acaba en decirme que vaya al médico, que estoy tremenda, que necesito adelgazar.

Será que en más de 20 años todavía no me he enterado de que tengo que adelgazar.

El endocrino nos comunicó que mi peso sería un problema con 8 años. A dieta desde los 8 años. El título de sobrepeso, de gorda, de que la comida es mi enemiga desde los 8 años. Si lo piensas así tampoco hace falta mucha presión de la sociedad ni de los medios para vaticinar la tragedia.

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Ana Mareca es la gorda que escribe este blog.

Cuenta con un IMC de 35, una vez llegó a estar por debajo de 30. La vida engorda surge después de muchos años de trabajo por mejorar su relación con la comida, y un profundo proceso de aceptación y análisis sobre su entorno, la sociedad y todo aquello que nos condiciona para ser como somos. En este blog plasma sus ideas, como ejercicio de compartir, pero también con intención de iniciar un diálogo en el que todos podamos hablar de temas, en ocasiones de moda, en otras ocasiones tabú.

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