Los nombres importan.
Poner nombre es dar identidad.

Si el objeto que nombramos no tenía identidad, al asignarle un nombre le estamos dando una parcela en nuestro mapa mental de la realidad.
Nombrando asimilamos y aceptamos. Y esta es nuestra forma de relacionarnos con el mundo y nuestra realidad.

Yo procuro ponerle nombre a mis problemas. A veces uso manuales de psicología y otras veces reciben motes cariñosos e incluso eufemismos. Esto forma parte de cómo me relaciono emocionalmente con mis problemas.

Me gusta ponerle nombre a mis problemas porque cuando identificas el problema, sabes a qué te enfrentas. Sabes si es algo que quieres cambiar. Y así encuentro más fácil buscar soluciones y tomar decisiones.
Incluso cuando no quiero hacer nada al respecto, conocer e identificar da sensación de control.

Al nombrar nos servimos del idioma. En nuestro querido castellano tenemos esa precisa sutil diferencia entre ser y estar. Cuanto estudiamos otros idiomas nos damos cuenta de que ese es un privilegio del que carecen otras lenguas.

Para mí el ser y el estar suponen la diferencia léxica entre la aceptación y la no aceptación.
Un día cambié el “estoy gorda” por “soy gorda”.
Soy. Y ya está. Es así. Es algo que va conmigo.
El verbo ser, deja de un lado la lucha a la que me sometía estar.

Decir “soy gorda” también crea fenómeno de apropiación. Me estoy apropiando de esa palabra que ha sido usada como insulto contra mí toda mi vida. Ahora es mía, ahora ya nadie puede usarla para hacerme daño.

La palabra gordo hace mucho que ya no se usa simplemente para describir una forma física como ser alto, flaco, rubio, castaño, pecoso. Ahora, cuando te llaman gordo, te dicen que te sobra grasa, pero también pueden querer decir que eres vago, inconstante, depresivo, maloliente, que das asco.

Yo quiero decir que soy gorda sin que signifique nada más. Sin que a quien me quiere le duela oirme al decirlo.
Peso 112 kilos. No soy rellenita, no soy mujer de verdad con curvas, no soy ancha de huesos. Soy gorda.

Y ser gorda es algo que tendría que preocuparle sólo a mi médico, si alguna analítica lo decide.

La galletita de la foto es gorda y no va a dejar de serlo.