Mucha gente odia los gimnasios. Es normal. Son salas con máquinas. A mí tampoco me gustan, pero tengo el problema de que me gusta el deporte. En concreto lo que más me gusta correr. Pero con mi peso correr podría ser peligroso a largo plazo, o eso dicen. Yo he decidido creérmelo y aunque de vez en cuando salgo a correr por el mundo real, de momento corro en máquinas que amortiguan los impactos de mis kilos sobre las articulaciones de mis piernas.

Hay algo en ir al gimnasio que me hace sentir orgullosa y poderosa. Quizás sea el saber que estoy moviendo una cantidad ingente de peso con mucha más gracia y ahínco que los que me rodean. Quizás simplemente el saber que todavía puedo movilizar con relativa soltura 120Kg de peso es suficiente, sin tener por qué entrar en comparativas.
Lo cierto es que en un gimnasio es fácil compararse, aunque intento no entrar en esos juegos mentales. No hacen bien a nadie. En lugar de eso intento tomármelo como un atletismo personal: si poco a poco voy batiendo mis propias marcas, el éxito está conseguido. Aunque generalmente el llegar a pisar la máquina de elíptica ya es un éxito por sí sólo.

Existe otro factor. Aunque muchas veces pierdo la costumbre y la constancia para mí es un hecho que necesito hacer deporte. Durante mucho tiempo pensé que era para mantener a raya los kilos. Cuando empecé a estudiar por mi cuenta sobre metabolismo y nutrición descubrí que la triste realidad es que el deporte ayuda poquito en la pérdida de peso. Actualmente se afirma que a la hora de definir la composición corporal de un individuo, la alimentación puede suponer un 80% de la ecuación.
En mi caso, hacer deporte es obligatorio para llevar una vida sana, pero por el tema de la cabecita.
Llámalo endorfinas, seguramente sean eso, o llámalo como quieras. El caso es que la actividad física me trae estabilidad a la cabeza. Con andar basta, pero necesito moverme. En el caso de correr, el subidón es notable. Además del mencionado orgullo de poder poner a trotar 120 señores kilos. 111 actualmente, para no engañarnos, pero he vivido tantos años en los cientoveintipico que creo que me quedaré con esa cifra mental toda mi vida.

Al salir del gimnasio me he acordado del “mens sana in corpore sano“.
Todos conocemos ese dicho, pero es curioso cómo culturalmente se ha llegado a aceptar como que se necesita un corpore sano para llegar a la mente sana, cuando de lo que está hablando la expresión es de la necesidad de entenderlo todo como un sólo ente. Porque el cuerpo afecta a la mente y viceversa.

A mí nunca nadie me ofreció curarme la mente antes que el cuerpo. Ni siquiera aunque estuviese claramente deprimida (está gorda, claro que va a estar deprimida, ser gordo es algo deprimente).
Este tema siempre me ha dado mucha rabia:
Siempre he creído que todos los trastornos la conducta alimenticia son distintas caras de una misma moneda. A unas nos da por engullir la vida, a otras les da por renegar de ella. La sociedad y el mercado apoya la imagen delgada y rechaza la imagen gorda. Nadie quiere estar gordo todo el mundo quiere estar delgado. Y por ello el gordo es estúpido y vago y el delgado es víctima de la sociedad. Si te has dejado llevar a la obesidad eres un necio, estaba claro que no tenías que hacerlo. Si te dejas matar por inanición eres una pobre víctima engañada.
Rescatemos a los desnutridos, condenemos a los tragaldabas.
Y lo cierto es que todos los gordos con los que he hablado nos hemos sentido así dentro del sistema sanitario. Porque nunca te ofrecen ayuda psiquiátrica o psicológica cuando está claro que si no puedes adelgazar es por que tienes la cabeza jodida. Estamos hablando de que parece más fácil conseguir que te corten medio estómago y parte de intestino para que tragues lo que tragues no puedas digerir tanto, que el conseguir que te ayuden a controlar el impulso de comer tanto.

La anorexia y la bulimia se trata como un trastorno nervioso, y no entiendo por qué no se hace lo mismo con la obesidad tipo 2 o tipo 3. Las dos caras de esta misma moneda matan.

¿Será porque el obeso consume más? Los gordos gastamos más dinero en comida. ¡Pero la ropa nos sale más barata si cuentas metros de tela! Conspiraciones judeo-masónicas-capitalistas.

En la anorexia asusta mucho el componente de “me veo gorda”. Todos hemos escuchado el típico chiste de gordos de “pues yo debo de se anoréxico porque siempre me veo gordo”. Ja-ja-ja. Yo también lo he dicho, pero lo cierto es que sí te ves gordo. Ya estás gorda, así que la visión pasa a la estratosfera. La deformación es monstruosa y va más allá de los cm de anchura. Estuve años sin poderme ver en un espejo sin sentir un asco visceral insoportable.

El año pasado me teñí el pelo de rosa y al menos los días malos pensaba “tienes el pelo rosa y todos los defectos que tú ves quedarán eclipsadas por el pelo rosa. Mi pelo rosa mola, y por lo tanto yo también”. Soy consciente de la carencia de lógica de todo esto. Pero si puedo odiarme sin lógica, ¿por qué no ensalzarme basándome en tonterías similares?

Muerte al sistema sanitariocapitalista.

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